Rendirse no es una opción (2016)

Portada de Rendirse no es una opción (2016)

Sinopsis de Rendirse no es una opción (2016)



En el momento en que me diagnosticaron esclerosis múltiple, un médico me aseguró que en escaso tiempo no podría pasear ni doscientos metros. Unos años después, participaba en mi primera Ironman, la prueba más exigente del triatlón Con treinta y dos años lo tenía todo: era un hombre sano, enamorado, con sentido del humor y luchador. Ejecutivo comercial en una importante empresa, viajaba continuamente por todo el planeta, saltando de un continente a otro con la misión de cerrar pactos esenciales. Mi vida profesional transcurría entre países exóticos, hoteles suntuosos, esperas en aeropuerto, aeroplanos estrechos y asambleas tensas y también inacabables. Lo tenía verdaderamente todo. Mas aquello pareció desvanecerse por siempre una mañana de vacaciones. Se me cayó el cigarro de las manos. No una, sino más bien un par de veces. No le di mucha relevancia al comienzo, mas fueron las primeras señales de un conjunto de síntomas que me preocuparon. Poco después me afirmaron que padecía esclerosis múltiples. Me predijeron un futuro bastante gris y lo acepté, mas cuando vi que no podía coger en brazos a mi hijo, cambié plenamente de actitud. Empecé a recorrer cada día los doscientos metros que apartaban mi casa de la estación de metro. Cuando comprobé que podía hacerlo, decidí acrecentar la distancia. Poquito a poco, correr se convirtió en mi apuesta vital hasta el momento en que deseé ir aún más allá. Me compré una bici y me aboné a una piscina. Tenía 2 claros objetivos: romper mis límites y vivir.