Me llamo jonás… vengo del vientre de la ballena y humildemente pido la palabra (2004)

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Sinopsis de Me llamo jonás… vengo del vientre de la ballena y humildemente pido la palabra (2004)



Y tuyo el poder y la gloria. Estas bellas y clarividentes palabras se oyen entre los misterios de la Misa. El Reino de la Verdad y el Poder y la Gloria de Dios. Cara todo ese esplendor va dirigida esta obra de teatro que firma un enorme actor que tiene por nombre Paco Algora para sus muchos amigos y Francisco Javier Jiménez Algora para la historia. Y creo que hay que dar las gracias a Paco la compañía en que se ha metido. Empresa realmente épica y ambiciosa, que merecería todos y cada uno de los plácemes del mundo… Volvemos al viejo teatro sagrado, al auto sacramental, al tema bíblico hace tanto tiempo desaparecido de una sociedad laica y más que laica “sin Dios y sin honor” como por desgracia hay que acotar a la presente sociedad española. De ahí que, al resucitar ahora a Jonás creo que se nos hace un enorme servicio. ¡Salir de ese obscuro vientre de una ballena a través de la tormenta liberada de los elementos malignos para anunciar el reino del Espíritu en la Tierra! Nada más y nada menos que eso… En unos tiempos en que el planeta se balancea y amenaza con destruirse por sí mismo y desmoronarse claramente, después de anunciarse las luces fatídicas, mas también bellas (bendito sea San Juan de Patmos) del Apocalipsis… Llevo por nombre Jonás (Vengo del vientre de la ballena y humildemente solicito la Palabra) Así subtitula Algora su auto sacramental que tiene al fin dar a Dios lo que es de Dios, el “reino suyo”. Y con el reino su poder y su gloria… Teatro sagrado, como digo, teatro conceptista con toda la enorme tradición española que discurre a través de nuestro Calderón y que podría llegar al Paul Claudel de la vecina Francia con su Anunciación hecha a María y al Peguy de la fantástica Juana de Arco… Mas Algora, cómico él y en muchas ocasiones de los de la Legua, ha recorrido los caminos de la farándula y los ha vivido con su amor y esplendidez y quizás por este motivo el mito sagrado de Jonás, el profeta, se despeña por los predios de la farandulería y el dedo inculpador se lanza, como era de aguardar, sobre la sociedad de Talía como culpable de su decadencia, de su blasfematoria andanza, quizás, ofertando la posibilidad de una regeneración, una vuelta al espíritu, al Reino de Dios en la tierra, fuera de escenarios y de platós cinematográficos o bien también dentro de ellos, mas ungidos nuevamente por el óleo sagrado de la Redención de Cristo… Así resulta que ese Jonás, hundido en el vientre viscoso del cetáceo, que puede ser la buhardilla bohemia llena de telarañas, viene a ser la encarnación de la Farándula con sus miserias, sus imperativos vanidosos y huecos, su distanciamiento de la verdad en labras del dinero y la pompa. Y desde este Jonás, que aun llega a extenderse en un juego cómico muy sugestivo, se desespera por localizar la verdad y el Reino de esa Verdad. En la mitad de la tormenta, Jonás recibe la ayuda de un personajillo farandulero, Don Roberto, todo lo opuesto de la ayuda que es la maldad venenosa de Mefisto, el espíritu del Mal, que será el contrincante de nuestro héroe. Una obra de teatro, a pesar de todo, escrita magníficamente en la que Algora ha volcado su experiencia teatral, que es abundantísima ya y que semeja no tener misterio alguno. Por el hecho de que los actores, como he dicho más de una vez, cuando se ponen en frente de las cuartillas saben dejar de lado sus conocimientos a fin de que la verdad reluzca desnuda. Es aquello que afirma la copla “el conocimiento la pasión no quita”. Del prólogo de José María Rodríguez Méndez Francisco Javier Jiménez Algora nació el siete de diciembre de mil novecientos cuarenta y ocho en el Observatorio Astronómico de la villa de Madrid, donde su padre trabajaba de portero. A los 13 años deja el instituto y se mete de botones en una distribuidora de películas, merced a la vocación que le despertó Cómicos de J. A. Bardem. Desempeña múltiples oficios para costearse los estudios. Ingresa en el TEM, se forma con William Layton, Narros, Arnold, Maruchi Fresno…Debuta con Carlos Lemos. En mil novecientos sesenta y ocho se une a Los Goliardos y 3 años más tarde al TEI (Pequeño Teatro Magallanes, 1). En teatro ha trabajado a las órdenes de Facio, Layton, Plaza, Balaguer, Narros, José Luis Alonso y Lluis Pasqual, entre otros muchos. En mil novecientos setenta y uno se asoma a las pantallas, de la mano de Miguel Picazo en TVE y de la de José María Forqué en el cine. Ha participado en cincuenta dramáticos en TV, en abundantes cortos y en 57 films hasta la data, con directivos entre aquéllos que resaltan Gutiérrez Aragón, W. Wogeler, Berlanga, Ramón Fernández, Drove, Rovira Beleta, Romero Marchent, Lazaga, Mercero, Bardem, Betriu, Fernando Fernán Gómez, Forges, Sacristán, Giménez Rico, Iborra, León de Aranoa y José Luis Garci, con quien repite en 4 ocasiones. Entre otros muchos premios cuenta con el Premio del CEC (Círculo de Escritores Cinematográficos) a la mejor interpretación estelar masculina por Tocata y fuga de Lolita (mil novecientos setenta y cuatro), Popular de Pueblo (mil novecientos setenta y cuatro), Premio de la Unión de Actores (Mejor secundario), Nominación al Goya y al Premio Sant Jordi (Mejor actor mil novecientos noventa y ocho) por su trabajo en Distrito, Premio Pepe Isbert por su aportación al cine (dos mil dos). En mil novecientos ochenta y cuatro se separa del teatro. Desde mil novecientos noventa y uno vive, asilado, en el vientre de la ballena que lo trajo a Tarsis (Cádiz).