Los cantos de maldoror (2016)

Portada de Los cantos de maldoror  (2016)

Sinopsis de Los cantos de maldoror (2016)



En el mes de agosto de mil ochocientos sesenta y nueve el editor belga Albert Lacroix imprime la primera edición de «Los cantos de Maldoror», una obra única y también indefinible, entre la confesión y la poesía en prosa, firmada por un tal Conde de Lautréamont. Mas Lacroix, miedoso de la censura debido a su contenido blasfemo, impúdico y provocador, decide por último no repartirla a librerías. Los ejemplares, costeados por el enigmático Lautréamont –seudónimo inspirado en un personaje de Eugène Sue–, quedaron abandonados en los sótanos de una imprenta. Años después se supo que quien estaba detrás de tan sonoro «nombre de guerra» era Isidore Ducasse, un joven de veintitrés años, hijo de un diplomático francés y natural de Montevideo, que había fallecido de tuberculosis solo un año después. «Era un joven alto y moreno, imberbe, inquieto, ordenado y trabajador. Sólo escribía por la noche, sentado ante su piano. Declamaba, forjaba sus oraciones, resaltando sus prosopopeyas con acordes» recuerda su primer editor. Debieron pasar veinte años hasta el momento en que la obra despertó de su sopor y vio por último la luz en París en mil ochocientos noventa. Redescubierta por el escritor Léon Bloy, y reivindicada después de forma entusiasta por el movimiento surrealista, cuyo líder, André Breton, la consideraba «la expresión de una revelación total que semeja exceder las posibilidades humanas», «Los cantos de Maldoror» se ha transformado transcurrido el tiempo en una historia legendaria, en un libro maldito de culto. La obra, un amargo y fiero alegato contra la miserable condición humana y de su último responsable, el Autor, empieza con la próxima advertencia: «Plegue al cielo que el lector, enfervorizado y vuelto momentáneamente fiero como lo que lee, halle sin desorientarse su camino áspero y salvaje a través de las desoladas ciénagas de estas páginas sombrías y llenas de veneno…» La presente edición, al cargo de Mauro Armiño, se complementa con las «Poesías» y «Cartas», que conforman la obra completa de Isidore Ducasse. Ilustrada a color por Santiago Caruso.