Le llamaban padre: cuando el horror se disfraza de amor y familia

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Le llamaban padre pues eran niños y no sabían que les violaba. Creían que aquel era el costo por tener una familia.
Una conversación en Fb disparó la alarma. Un hombre, D. Donet, se ofrecía a hacerle a un menor fotografías «eróticas o bien insinuantes». Un agente de policía tiró del hilo y éste le llevó a la casa de Castelldans —un pequeño pueblo de Lleida— en la que vivían Donet y los adolescentes que tenía en acogida. El registro policial sacó a la luz decenas y decenas de cintas en las que se veían los «actos de amor» rodados por el pederasta durante diecisiete años. La prensa empezó a charlar de «la casa de los horrores».
A partir de una tarea de documentación inusual y poniéndose en la piel de los protagonistas de la historia, Carles Porta edifica un texto vibrante en el que lo que estremece no son los detalles escabrosos (no los hay): lo que pone los pelos de punta es cómo este caso deja al descubierto el modo perfecto en que el horror puede transformarse en normalidad.