Antonia mercé

Portada de Antonia mercé

Sinopsis de Antonia mercé



2 apodos apenas separados por un diminutivo deslumbran en el planeta de la danza española a lo largo de la primera mitad del siglo veinte. Uno de ellos, la Argentinita, evoca pasiones lorquianas y dramas taurinos aún no olvidados. El otro, la Argentina, pertenece a una mujer el da de hoy menos célebre que entregó su cuerpo al diablo de las tablas para transformarse en la bailarina (o bien bailaora) española más compleja y tambin influyente de su tiempo. Y la disyunción (o bien la ambigüedad) es aquí pertinente pues A. Mercé sacó el baile flamenco de los entornos tabernarios donde misma se había cepillado su impecable clasicismo y lo dotó de los atributos estéticos que precisaba para elevarse a las más altas cimas escénicas sin abandonar por esta razn a la vieja savia gitana. Por otra parte, la fructífera interacción de la Argentina con músicos como M. de Falla, escenógrafos como Néstor de la Torre o bien bailarines míticos como V. Escudero la sitúan en una encrucijada definitiva en la cultura española contemporánea. Cuando murió (el dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis, nada menos), la prensa de medio planeta describió a A. Mercé con una oracin de manera perfecta estereotipada y, no obstante, no totalmente imprecisa: había sido la Pavlova del flamenco.